miércoles, 26 de marzo de 2008

Las cosas de la autora. (O sea, yo)

Para los lectores que me han seguido desde el principio (no del blog, de mi hobby como escritora de fics) saben que he tenido mis altibajos, pero no vengo a hablar de eso.

Con "Las cosas de la autora. (O sea, yo)" me refiero a que no tengo nada que comentar, y lamentablemente les estoy quitando el tiempo en una entrada que no posee contenido alguno.

Sin embargo, por respeto a los que esperan algo mío, publicaré algo inédito (a menos que se lo haya contado a alguien más).

Se llama "El susurro del arte" y es un ShinoXIno, espero lo disfruten.

Quería darle la vida que tanto deseaba infundirle, pero por más que lo intentaba, su escultura seguía sin esa chispa que la volvería una auténtica obra de arte.

-Si sigues así -Le espetó su maestro de arte, Deidara- lo único que lograrás es gastar el material que otros alumnos con auténtico talento podrían usar.

Odiaba que la tratara como a una inútil, y lo que más le fastidiaba era su incapacidad de decirle algo, responderle. Quedaba siempre en silencio y eso elevaba el fastidioso autoestima de ese vil maestro.

Un día, él rechazo su mayor trabajo. Con las lágrimas brotándole con fuerza y ese sentimiento de derrota que la embargó, no logró calcular las distancias ni la velocidad con que iba conduciendo, y su carro terminó chocando contra una pipa de combustible, cayendo instantáneamente inconciente.

Cuando despertó, la noticia de su estado destrozó los sueños y esperanzas que tenía para su futuro. Estaba ciega al terminar dañados los nervios ópticos, y las palmas de sus manos se quemaron casi por completo.

Gritó con todas las fuerzas que en el momento de saberlo pudo reunir y lloró como pudo, estallando en exclamaciones de odio contra esa persona que solo la guió a una obsesión vacía, pero sobretodo a ella misma, por su estúpido intento de complacer a una persona que jamás la tomaría en serio.

-¿Cómo te sientes? -Escuchó un día a uno de sus pocos amigos que, a pesar del tiempo, aún guardaba una especie de vínculo con ella- Te traje flores, no estoy seguro si sean de tu gusto, pero no se me ocurrieron otras.

Aunque no podía verlo, sabía que se trataba de Shino, y este puso el ramo en sus manos. Pudo distinguir por su olor a las camelias, y por su forma a los claveles.

-Te lo agradezco.

Aún cuando la dieron de alta, Shino siguió visitándola todos los días. Pasaba largas horas platicando con ella, escuchándola la mayoría de las veces, ya que él siempre había sido hombre de pocas palabras.

-¿Qué harás respecto a la universidad? -Le preguntó Shino un día- No creo que ese maestro acceda darte clases, e incluso si lo hace provocará que te suicides.

-No planeo saber más de él. Seguiré en la universidad, con la escultura, es mi vida.

Un día, él trajo uno de sus violines, ya que se dedicaba a estudiar música, y sin decir más, comenzó a interpretar diversas piezas musicales, clásicas, modernas y alguna que otra interpretación de temas de series y películas.

-¿Has intentado tocar algún instrumento, Ino?

-Tocaba el violín y lo sabes, pero de eso hace mucho tiempo ya. No poseo... No podría tocar algo aunque lo deseara.

El silencio que esa vez hizo Shino incomodó a la rubia, y de pronto, esta sintió las manos de él tocándole el rostro.

-El arte tiene un lenguaje universal. -Le pasó el violín y la ayudó para acomodarse- Nunca es completamente espontáneo, ya que surge de aquí -Sintió la mano presionando un poco su frente- y de aquí- sintió deslizar la mano sutilmente por su cara hasta su pecho-, y en el lapso en que pasa de esos lugares, hasta aquí -Sintió las manos tomando con fuerza las suyas- se estiliza. Y precisamente en este lugar que puede volverse una realidad. Solamente debes conectar la visualización y ese sentimiento que te produjo ese arte que aún no surge. Inténtalo, y verás que el arte hablará por sí solo.

Las palabras de su amigo provocaron un ardor tan súbito, que Ino sintió marearse en su lugar. Se apoyo en el arco y puente del violín, y aunque lentamente, comenzó a tocar una sencilla pieza de práctica, y en pocos acordes, Shino la acompañó con un clarinete, llenando de armonía auditiva cada rincón de la estancia.

-No te rindas, nunca lo has hecho y no hay razón para que lo hagas ahora.

Y no lo hizo. Lo demostró al volver a la universidad. Lo demostró creando un arte tan asombroso, y aunque no podía ver, se regodeó en su propio júbilo al saber que su "admirable" maestro callaba ante la superioridad del talento de su alumna.

Pero aún faltaba algo, y lo sabía. Shino y el incondicional apoyo que le brindó era una cuenta pendiente que aunque él no le iba a cobrar, se sentía obligada a corresponderle.

Pero para resolverlo, debía levantarse por completo, solo así él la aceptaría.


-¿Será?


FIN

XD bueno, esa fue la entrada sin casi contenido (por que ahora tiene un poco de contenido) y esto es Rainbow of Words. Recuerden, si un extraño vestido de Mikel Jason les ofrece dulces, corran lo más lejos posible al escuchar el "¡Yú-Jú!" o no escaparán de sus manos de asaltacunas.

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